Redacción

por Orlando Goncal

Originalmente, pensaba escribir sobre las elecciones argentinas que se celebraron el pasado domingo, pues le dio un vuelco muy interesante a la política local y además, tendrá grandes repercusiones en el futuro del país y los argentinos.

Pero, la velocidad vertiginosa a la que el mundo moderno se mueve, nos tenía deparados para el inicio de la semana un evento que también tiene grandes y extraordinarias repercusiones, pero las tiene para Panamá, así que el análisis de las elecciones argentinas, deberá esperar.

Durante más de un año, La Estrella de Panamá -el tercer diario más antiguo de Latinoamérica-, sus colaboradores y el pueblo de Panamá en general, vivieron la angustia por la posibilidad de que ese medio desapareciera.

Afortunadamente, todo se resolvió, y el medio –al igual que el diario El Siglo- podrán seguir diciendo con orgullo “Sigamos publicando la historia”, aunque en mi opinión, la frase debería decir “Sigamos publicando y haciendo historia”.

Y vaya que han hecho historia, pues mal se imaginaban J.B. Bidleman, P.K. Donaire y J.F. Bachman que, aquel 24 de febrero de 1849, al fundar The Panama Star, estaban haciendo historia y que su legado –después de varias transformaciones y variantes- nacería y brillaría La Estrella de Panamá, y ese legado se extendería hasta los días de hoy.

Celebro con euforia esta decisión pues, tan importante son los valores democráticos, como lo son la libertad, los derechos humanos y la libertad de expresión. De hecho hay un hilo conductor que los une y los refuerza mutuamente.

Una democracia no es tal, sin respeto a la libertad de expresión y a los derechos humanos. Estos derechos son lo que le permite a los ciudadanos no solamente estar informados, sino además opinar y, fijar posición sobre la vida de los países.

Recuerdo que, en mis épocas de estudiante universitario, tuve a un compañero chileno que había huido de su país, por ser un perseguido político, y que después de meses injustamente encarcelado, logró llegar a Venezuela y siempre me decía: “Ustedes no saben lo que tiene, no lo aprecian. Ustedes tienen una democracia sólida, pero, por más sólida que ella sea, hay que cuidarla todos los días. Es como cuidar un jardín, hay que regarlo todos los días”.

Largos e intensos eran los debates que sosteníamos con él y, a pesar de nuestras diferencias, siempre coincidíamos en el hecho de que, con todos los defectos que puedan tener las democracias, era el mejor sistema de gobierno que existe y, la libertad, los derechos humanos y la libertad de expresión, son valores fundamentales que debemos no solo defender con fiereza, sino que debemos cultivarlos y, sobre todo, ejercerlos.

Ese hilo conductor, del cual comenté anteriormente, es hoy en día, en tiempos de gran convulsión e incertidumbre en el mundo, más importantes y, no hay manera de ejercer unos principios y derechos y, otros no. Aquí no hay medias tintas. O se es demócrata o no; o se defienden y respetan los derechos humanos o no; o se cree y se practica la libertad de expresión o no.

No caben en estos principios ningún tipo de ambigüedades o debilidades, pues ellas socavarían cualquiera de los principios y valores a los que me he referido y sencillamente al irrespetar o violentar a uno de ellos, los otros se vendrán abajo y, las consecuencias son catastróficas.

Si es que el lector tiene alguna duda de la afirmación anterior, le pido que vea el caso de Venezuela y la triste realidad que hoy vive y padece el país.
Cuánta razón tenía mi amigo chileno.

Pero así como defiendo férreamente la libertad de expresión, también tengo claridad en el importante aporte y responsabilidad que los medios de comunicación tienen dentro de las democracias y fundamentalmente, en su rol dentro de las sociedades.

Los medios no solo deben informar objetivamente, pues también tiene que contribuir en la construcción de sociedades más justas, inclusivas y prósperas. Los medios deben no solo ser imparciales, lo cual ya es una gran responsabilidad, tienen que ir un paso más allá y no pueden ser indiferentes a lo que sucede en las sociedades.
Los medios están para presentar lo bueno y lo malo, lo bonito y lo feo y, sobre todo para contribuir al debate de altura, propositivo y que los ciudadanos tomen sus decisiones.

A “La Decana”, como es conocido en el istmo este diario, les deseo larga vida para que: “sigan publicando y haciendo historia”. En hora buena.