Por: @OrlandoGoncal

El presidente Donald Trump ha emprendido una nueva campaña o, quizás, deberíamos decir, un nuevo pleito; y como se preveía, este pone en vilo al planeta.

Al anunciar la disposición de cumplir una de sus tantas promesas de campaña, referida al traslado de la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén, -una medida largamente buscada por Israel-, el mundo entra en un estado de tensión enorme por las implicaciones que ello conlleva.

Los anteriores presidentes estadounidenses no lo habían hecho debido a las preocupaciones regionales por la disputa sobre Jerusalén entre israelíes y palestinos. Esto a pesar de que desde 1995 el Congreso de EE.UU. aprobó una ley que exige que el país traslade la embajada de Tel Aviv a Jerusalén. Hay que recordad que ambas partes reclaman la ciudad santa como su capital

Jerusalén ha sido epicentro de conflictos desde hace 3.000 años, desde cuando el pueblo judío la considera su capital. El plan de partición de las Naciones Unidas elaborado en 1947 consideraba a Jerusalén como una “ciudad internacional” separada. La guerra que le siguió a la declaración de independencia de Israel, un año después, dejó a la ciudad dividida y, en 1980 Israel se anexionó la parte este de la ciudad, donde los palestinos aspiran establecer la sede de su futuro Estado.

Es tan grave el conflicto que pudiera avecinarse, que, los patriarcas y líderes de distintas iglesias griega, siria, armenia, etíope y ortodoxa copta, así como la iglesia latina, la orden franciscana, la greco-católica melquita, los maronitas, la iglesia episcopal, las iglesias católicas armenia y siria y, los luteranos evangélicos declararon en una misiva conjunta que “Cualquier cambio en el “statu quo” de Jerusalén provocará un daño irreparable”.

El objetivo en este artículo no es comentar sobre el fondo del conflicto, sino centrarme en las razones que pudiera tener el presidente Trump para tomar esta decisión y las posibles consecuencias que puede tener para el mundo.

El caso de intervención rusa en las elecciones de E.E.U.U. cada vez se acerca más y más a Trump. Ya son muchas las personas investigadas, desde quien fuera su jefe de campaña, pasando por otros asesores, su yerno y más recientemente su hijo. Las acusaciones son muy graves y a medida que las investigaciones avanzan, pareciera más evidente que el entorno íntimo de la campaña y familiar de Trump estaban conspirando con ciudadanos rusos que, al parecer, ejecutaron acciones en conjunto que pudieron tener incidencia en las pasadas elecciones.

Por otra parte, que los gigantes de Silicon Valley, Google y FaceBook, hayan admitido que efectivamente, en tiempos de la campaña americana vendieron miles y miles de dólares de espacios publicitarios micros segmentados a compañías rusas; echándole leña al fuego de este caso, y oxigenando el camino a los congresistas que investigan el tema. Los tizones de la polémica se enrojecieron al máximo.

Como si fuera poco, los recientes escándalos por acoso sexual que han salido a la luz pública involucran afamados artistas y algún político, -republicano- y todo indica que, esto crece como una bola de nieve, que en la medida que avanza aumenta en velocidad y tamaño. Así que no sería de extrañar que surgieran nuevas denuncias.

Recordará el lector que, en plena campaña, surgieron denuncias sobre el mismo tema contra el entonces candidato Trump y hasta una grabación de él, donde se refería a las mujeres con un leguaje procaz.

La relación entre estos hechos –Rusia /elecciones E.E.U.U. y acoso sexual- debió encender las alarmas entre los asesores de la Casa Blanca; por lo cual, entraron en acción con medidas clásicas, generando una crisis que opaque el escándalo, que desvíe la atención que está molestando ahora o que pudiera llegar a ser una potencial crisis.

No es extraño llegar a esta conclusión, pues, Trump nos ha ido acostumbrando a ir de escándalo en escándalo, de ataque en ataque, y siempre dentro de la estrategia de desviar la atención, pues sus logros al frente de la administración –si los comparamos con las promesas electorales- han sido muy pocos.

Ahora, lo complicado de la situación es que, se han metido en un tema complejo con las implicaciones religiosas de vieja data, lo que lo vuelve potencialmente explosivo. La Liga Árabe de Naciones no se va a quedar de brazos cruzados, y el juego geopolítico de la región y el mundo se pudiera alterar con consecuencias impredecibles.

Afortunadamente, hay muchos gobernantes sensatos y rogamos porque la sensatez y la cordura se impongan.

Foto: OtroPaisNoticias.com