Por: @OrlandoGoncal

Se celebró la VIII Cumbre de las Américas, en Lima, Perú, logrando congregar 33 de los 35 estados de la región. Esta vez el tema principal la “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción”.

Sin duda una agenda ambiciosa que pretendía responder al momento histórico que vive la región, pero, por múltiples factores, quedó en buenas intenciones, y en una declaración final que, ¿Logrará algún cambio positivo para los ciudadanos?

El primer factor que perturbó la cumbre, sin duda, fue la convulsión política que se presentó en el país anfitrión; donde, a pocos días su celebración, renuncia el presidente Pedro Pablo Kuczynski, forzado por el escándalo de videos que evidenciaban maniobras para intentar “comprar” voluntades de algunos diputados, con recursos del estado, para evitar que el congreso le declara la vacancia. Cabe recordar que este caso tiene sus orígenes en el escándalo de Odebercht.

El segundo factor que sin duda tuvo impacto, fue que el polémico presidente de los EEUU, Donald Trump, cancelara su primer viaje a Latinoamérica, por la crisis en Siria. El posterior bombardeo “quirúrgico” de los EEUU a Siria, sin duda captó la atención del mundo y la cumbre paso a segundo nivel.

El tercer elemento, el repentino retiro del presidente Lenin Moreno, por la crisis de los periodistas secuestrados, que a la postre les segaron sus vidas.

El cuarto hecho, fue, la ausencia de Raúl Castro, quien, por cierto, a estas alturas ya debería haber entregado el poder a su sucesor designado, pero, aún no lo hace.

El quinto punto, y quizás el más importante, es que, esta cumbre pretendía discutir como tema central, la “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción” y, es aquí donde se presentaba un contra sentido, pues, varios presidentes, de los asistentes, o tienen investigaciones abiertas por casos de corrupción, -entre esos casos Odebercht-, o bien porque, sobre ellos hay sospechas de corrupción aún no del todo aclaradas.

Era por lo tanto sumamente complejo pedirle a una cumbre que se discutiera “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción”. Quizás fue un error de transcripción, el tema central debió ser “Gobernabilidad democrática en corrupción”. Es claro que es un cinismo de mi parte, pero, con tantos presidentes cuestionados discutir la gobernabilidad frente a la corrupción, valdría la pena discutir quienes son los cínicos.

Sin embargo, en la declaración final, expresan: “… los gobernantes abogaron por impulsar la “transparencia fiscal”, la rendición de cuentas y prevenir la corrupción en obras, contrataciones y compras públicas”. “… cerrar filas contra la corrupción hemisférica, con un posicionamiento que promueve ejecutar un estricto control de “ingresos y gastos” de organizaciones y partidos políticos, “principalmente en campañas electorales”, para garantizar el origen lícito de los aportes financieros y sancionar la recepción de contribuciones ilícitas.”, “…abogaron por impulsar la “transparencia fiscal”, la rendición de cuentas y prevenir la corrupción en obras, contrataciones y compras públicas”

Queda claro que, fue un rosario de buenas intenciones. La pregunta es, ¿Cómo, quién y cuándo, lo van a implementar, ejecutar, y supervisar? Son dudas que me asaltan; la ausencia de respuestas me pone a pensar, ¡se hizo la cumbre, y nada pasará!

El otro tema que gravitaba sobre la cumbre, era el caso de Venezuela, sobre el cual, solo se logró un acuerdo parcial alcanzado por fuera de la declaración final, muy a pesar de que, la crisis de Venezuela se convirtió en el eje central del encuentro.

El acuerdo aprobado por 16 países, conformados por el Grupo de Lima más Bahamas y Estados Unidos, pide “…con las garantías necesarias para un proceso libre, justo, transparente y democrático, sin presos políticos y participación de todos los actores políticos”, y descalificaron una vez más, los comicios convocados para el 20 de mayo, que “carecerán de legitimidad y credibilidad”.

Igualmente, exhortaron a la ONU y a la OEA a que, coordinen de forma inmediata un programa de asistencia humanitaria “para aliviar la situación de sufrimiento y escasez que padece el pueblo de Venezuela”.

En conclusión, definitivamente el estamento político de la región debe entender que, con declaraciones y acuerdos políticamente correctos, no resuelven los problemas que sufren los ciudadanos. Los líderes políticos deben estar al frente de sus sociedades, guiarlas hacia un futuro mejor, porque de no hacerlo, los ciudadanos terminarán asumiendo el liderazgo.

Basta estudiar la historia y, ver que, las grandes revoluciones del mundo en su mayoría, se han producido cuando los gobernantes no están a la altura de los momentos históricos y los ciudadanos resuelven tomar las riendas.

Foto: http://laestrella.com.pa/