Por: @OrlandoGoncal

Colombia inicia nuevo periodo constitucional con Iván Duque –uno de los más jóvenes, 42 años. Como es habitual, hay gran expectativa por las actuaciones del nuevo gobierno.

Antes de comenzar su gestión, estalló en las redes sociales gran algarabía, pues, en el programa la Red de Caracol, el conocido sacerdote Jesús Hernán Orjuela, mejor conocido como el padre ‘Chucho’,comentó que había sido invitado por el presidente electo Iván Duque y su vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, a la Casa de Nariño, para hacer un exorcismo en la sede del ejecutivo nacional, para expulsar a los demonios. Luego de toda la polémica que se desato, el propio sacerdote se desdijo, así que, si hay demonios en palacio, no será en esta ocasión que los saquen.

Sobre el presidente saliente, Juan Manuel Santos, podemos comentar algunos hechos puntuales quemarcaron su gestión a lo largo de 8 años. El primero sin dudas es el haber logrado el fin del conflicto con las FARC y la firma de la Paz. Se le quedó en el tintero el fin del conflicto con el ELN por lo cual le tocará al presidente Duque resolver.

La gran inversión que se hizo en la infraestructura carretea del país; la construcción de casas de interés social para millares de colombianos y la inversión en nuevas tecnologías, sin duda son logros que resaltan de su gobierno.

Así que, los Santos se van, vienen los Duques. Será sin duda un giro importante en el estilo de gobernar y aquí, el presidente Duque comienza con laconformación de un gabinete joven de tecnócratas que pudieran considerarse centristas, entre los cuales hay ministros que trabajaron con el presidente saliente Juan Manuel Santos y otros que votaron por el sí en el plebiscito por la paz.

Aquí comienzan los dilemas. La primera pregunta que salta vista la conformación del nuevo gabinete es ¿El presidente Duque, será leal a las instituciones que jura defender o será leal a su mentor, el expresidente Uribe?

Este dilema no es nuevo y hasta ahora, el presidente Duque, con maromas discursivas, ha logrado salir más o menos bien parado ante la opinión pública, pero la duda asalta.

No es menor el dilema que enfrenta. Si escoge seguir su propia línea de acción y dejar de lado al expresidente Uribe, tendrá que enfrentarse a la dura realidad de no tener un poder legislativo que le apoye, pues la incidencia del expresidente Uribe es enorme dentro de su partido y esta es la bancada más grande en el Senado y la segunda más grande en la cámara de Representantes.

Si no tuviera ese apoyo, las reformas que desea impulsar y que promovió en su campaña –desde las reformas tributarias, las pensiones y los acuerdos de Paz- tendrán que sortear un camino escabroso, donde le tocaría negociar con otras fuerzas políticas y eso, puede tener un alto costo para su gobernabilidad.

Por lo tanto, con o sin exorcismos, el presidente Duque deberá enfrentar demonios, quizás pedir ayuda a los santos y debatirse constantemente sobre los dilemas que se le presentarán a lo largo de sus 4 años de gestión.

Quizás un buen comienzo sería que él entendiera como se conformaron esos 10 millones de votos que obtuvo. Tener claridad del ¿cómo llegó? pudiera ser un buen inicio, pues le permitiría ver con claridad parte de sus fortalezas, de sus debilidades, amenazas y, las oportunidades que tiene por delante.

Sin duda que, una parte de los votos que obtuvo fueron de ciudadanos que le votaron a él directamente por las razones que hayan sido, lo importante es que le votaron. Otra parte de esos votos seguramente se los aportó su vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, otra parte de los votos se los dio el Expresidente Uribe. Sin duda hubo ciudadanos que sencillamente votaron por: “el que diga Uribe”. Ahora, una parte importante de esos 10 millones de votos fueron de ciudadanos que votaron contra Gustavo Petro, por aquello del temor al castro chavismo.

Por lo tanto, si el presidente Duque logra entender que, los 10 millones de votos no son sólo de él, que por lo tanto, desde el día uno tiene que gobernar para todos los colombianos y fundamentalmente que él es la cabeza del ejecutivo y que debe haber armonía entre todos los poderes del Estado, tendrá la oportunidad de hacer un buen gobierno.

El tiempo lo dirá y apostamos porque así sea, sin demonios, sin santos y sin dilemas. Apostamos por una gestión exitosa, por el bien de Colombia y la región.