Por: @OrlandoGoncal

Luego de una gran bocanada de esperanza que tuvimos la mayoría de los venezolanos en enero de este año, donde un liderazgo joven trazo una ruta y que muchos compartimos –Cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres- he comenzado a ver que el desánimo nuevamente comienza a apoderarse de la población. 

Sumado a lo anterior, dos hechos sucedidos la semana pasada – el asesinato del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo, a manos del aparato represor del régimen y, la agresión de la Guardia Nacional Bolivariana contra el joven Rufo Antonio Chacón Parada de apenas de 16 años, a quien dejaron ciego al dispararle perdigones a la cara a corta distancia- me han motivado escribir sobre algunas lecciones aprendidas y otras que, definitivamente, aun no aprendemos.

La primera lección, es ver que muchos conterráneos sufren el “Síndrome de la Junta de Administración”, es decir se quejan y cuestionan todo y, a todos en el edificio pero, no hacen nada, pues eso –actuar- le corresponde a la Junta de Administración. 

El paralelismo es claro, muchos critican al presidente encargado Juan Guaidó y hasta le reclaman pero, no aportan nada en positivo. 

La segunda lección, le reclaman a Guaidó que aún esté el régimen al frente del país, que no haya logrado el cese de la usurpación. Quienes reclaman parecen olvidar que, el régimen tiene 20 años perfeccionando sus métodos para aferrarse al poder y que, en unos pocos meses no se puede pretender resolver lo que no se ha podido hacer en 20 años.

Lección tres. El tema Venezuela ha estado presente en casi todas las campañas electorales de la región y, muchos candidatos sacaron rédito electoral introduciendo en sus narrativas el tema. 

Pero, una vez en gobierno, las cosas cambian, los discursos incendiarios se apagan y mutan a los diplomáticamente correctos con lo cual, si bien la presión internacional sobre el régimen ha sido importante, está por sí sola no logrará los cambios que requiere el país e introduce un tema en el debate internacional. Hay que reformular, reformar y sobre todo adaptar a todos los organismos internacionales, a los nuevos tiempos, pues se están quedando atrás,con un actuar cada vez más paquidérmico.

Pudiera seguir con un rosario interminable de lecciones dolorosas que he aprendido pero, prefiero enfocarme en algunas que parece aún no han sido aprendidas por algunos venezolanos.

La primera, hay un liderazgo joven, valiente, que afronta diariamente la persecución y el acoso del régimen y que sin embargo, se mantiene firme y con el foco en la ruta trazada desde el primer día, a pesar del fuego amigo que, en ocasiones, pareciera más dañino que el del régimen.

Segundo, dentro de toda la tragedia que es Venezuela, hay gente que ha resuelto hacer lo imposible para ayudar a otros y en ocasiones casi en un ejercicio de magia, prestan auxilio a quienes la están pasando mal.La solidaridad como valor fundamental se consolida.

Tercero, el éxodo de venezolanos por el mundo ya supera los 4 millones. Muchos de esos inmigrantes son gente muy preparada que ahora ponen sus conocimientos y experiencias al servicio de muchas economías y países del mundo y, si bien, algunos países lo han reconocido, comienzan a cerrar las puertas y a poner trabas. 

Cuarto, una manzana podrida, no pudre todas las del cesto. Han sucedido hechos aislados donde algunoque otro venezolano ha cometido un delito o falta en otro país pero, si bien se magnifica el hecho, la realidad es innegable, son solo algunos los que fallan, la mayoría aportan y mucho.

Quinta, durante demasiado tiempo, el régimenprostituyo el diálogo y este término satanizado, debilitando así una herramienta necesaria. 

Ahora, Trump sorprende a todo el mundo y viaja a la zona fronteriza entre las Coreas y pisa territorio Norcoreano para conversar con Kim Jong-un, el últimode los representantes de un régimen en extremo sanguinario. ¿Trump si lo puede hacer pero Guaidó no? 

No es lo que más nos agrada pero, para salir del régimen, habrá que darle alguna alternativa, abrirle alguna puerta por la que puedan salir, pues con todas las puertas cerradas, no podrán hacerlo.

Última lección –pareciera que por aprender-. La ruta de cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, sigue siendo una ruta válida pero, solo se logrará si todos nos unimos y dejamos de lado los egos y respaldamos a quienes han tenido la valentía de dar un paso al frente. 

Aprendamos las lecciones que, si se puede. ​Foto: https://emisorasunidas.com