Por: @OrlandoGoncal

Quienes aspiran a cargos de elección popular hacen grandes esfuerzos en prepararse para las campañas y durante las mismas. Hacen todo para tratar de comunicarse con el elector, a fin de generar la empatía y conexión necesaria para la conquista de su voto.

Pocos son los que tiene éxito. La pregunta que surge, es ¿Cuántos y cuánto se preparan para gobernar, los que si logran llegar?  

Aquí es dónde se complican las cosas. Pues, ganar una elección es relativamente fácil frente al gran reto de gobernar. Y ¿qué es gobernar?

Hay varios conceptos, todos válidos e importantes. Todos con algún tipo de aporte a la discusión filosófica o académica. Por ejemplo, el expresidente de Costa Rica, Oscar Arias, en una entrevista dijo que “gobernar es educar, gobernar es escoger, gobernar es convencer”. 

Otros dicen que gobernar es ejercer la dirección o la administración y el control del Estado. También están los que opinan que es el manejo con autoridad de la dirección del Estado. Otra de las definiciones se refiere al mando que un individuo ejerce sobre una nación, departamento, municipio o ciudad; bien sea por autoridad que le haya sido conferida por un órgano legislativo o por el pueblo a través del voto. 

Algunos conceptos más simplistas dicen que es un juego de suma cero, pues, lo que les das a unos, se lo quitas a otros, y, una muy de moda, tiene como postulado que gobernar es comunicar.

Sin embargo, prefiero tratar de resumirlo y condensarlo en, “gobernar es gobernar”, es ejercer democrática y sabiamente el mandato otorgado por los ciudadanos, para que, a través de la administración y ejecución eficiente de los recursos del Estado, generar oportunidades y herramientas que ayuden al ciudadano, para que, con su esfuerzo tenga acceso a una mejor calidad de vida, para él y su familia, logrando el gobernante el gran objetivo, transformar vidas, sociedades, comunidades y países.

Generalmente, al asumir el cargo, comienzan a aparecer las trabas, esos palos en las ruedas que impiden avanzar. A veces, aprovechándose de elementos como que, se es -un gobernante sin experiencia-, o peor aún, -no se preparó para afrontar los retos que le impone la administración de la cosa pública-. El ejemplo clásico lo encontramos cuando, un alcalde no tiene mayoría en el concejo, un gobernador en la asamblea legislativa, o un presidente en el congreso.

Cuando el gobernante tiene la buena intención de ejecutar acciones en beneficio de sus gobernados, pero, ingenuamente dejan en manos del legislativo, quien aprovecha para negar, una y otra vez, la aprobación de dichos planes, pone en riesgo el futuro de la sociedad. Es el momento cuando un buen administrador debe contar con un haz bajo la manga, un plan B. 

Es complejo entender el funcionamiento del Estado, pero, en aras del beneficio social, el gobernante debe ser inteligente y estratégico para garantizarse la libertad de actuar y ejecutar las acciones que su sapiencia le dictan, y las que ofreció en campaña.

Entre las muchas situaciones de hecho, de derecho y presupuestarias, los gobernantes pueden enfrentarse a trabas en su gestión, las que, podrá sortear con creatividad, conocimiento y voluntad política, para que, sin violar las leyes, encontrar soluciones viables para ejecutar sus acciones.

Pero, cuando las trabas son productos del juego poco ético de los adversarios, quienes haciendo uso de las mayorías impiden la aprobación de acciones dirigidas a beneficiar a la comunidad, -práctica perversa- pero, usual en la política-, es cuando los gobernantes no pueden quedarse estáticos, sin accionar, desmoralizados, mucho menos derrotados por no poder cumplir su oferta electoral. Además, recriminado y sin el apoyo que inicialmente le dieron sus votantes.

Es importante no olvidar que siempre hay salidas éticas y legales para que la democracia sea una verdadera democracia. Hay estrategias, que, diseñadas, estudiadas y socializadas con la debida antelación, permiten vencer los obstáculos que por razones político/electorales en ocasiones los opositores ejecutan.

Estrategias que repito, pueden desmontar esas trabas, en ocasiones, hasta lograr que quien puso los palos en las ruedas pague la factura por haber antepuesto sus intereses particulares o partidistas por encima del beneficio de la comunidad.

De nueva vuelta, ganar la elección es la parte fácil. Gobernar es lo difícil. Pero, así como se gana la elección de la mano de los electores, en el ejercicio del gobierno, de la mano de los ciudadanos, son estos los mejores aliados a la hora de generar soluciones y alternativas que permitan al gobernante desatarse y vencer los obstáculos y las trabas político/electorales de la oposición y no caer en la frustración.

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