Por: @OrlandoGoncal

La pandemia del covid-19, no debe ni puede ser pretexto para vulnerar a la democracia, mucho menos para mermar la división de poderes o debilitar a los organismos autónomos.

En días recientes el presidente de México, López Obrador, hizo una declaración que generó alarma en el país, arremetió contra el árbitro electoral el Instituto Nacional Electoral -INE-.

Después de la polémica donde dio a conocer que se estaba enterando -después de 18 meses en el poder- de que, desconocía la existencia de algunos organismos e instituciones del Estado, entidades que, según él, son un despilfarro de dinero, entonces, arremete contra el INE, argumentando que “…es el más caro del mundo y no garantiza elecciones limpias”.

No conforme con esa declaración, manifestó que “… mí triunfo en las elecciones fue porque era imposible parar la ola a mí favor, pero el INE ‘permitió fraudes’ en el pasado…” y por tal razón “…me voy a convertir en guardián para que se respete la libertad de los ciudadanos de elegir libremente a sus autoridades…”.

Esta declaración en boca del presidente mexicano es preocupante, pues, está poniendo en duda a la máxima autoridad electoral del Estado Mexicano.
México como la gran mayoría de los países, hoy vive una situación de emergencia por la pandemia del covid-19, pero, esto no debe, ni puede ser pretexto para vulnerar la democracia, mucho menos, para menoscabar la división de los poderes, o debilitar los organismos autónomos.

Lo más serio de la declaración del señor presidente, es que, entre líneas, está tratando de presentar a las autoridades electorales como actores con posturas políticas, lo cual resulta no solo irresponsable, sino peligroso para el equilibrio de poderes del Estado. Esta declaración del presidente López Obrador no es una puntada sin dedal, no es un mensaje aislado, por el contrario, es una clara estrategia para aumentar la polarización en el país, con miras a las elecciones de junio del 2021.

Elecciones en las que, por primera vez, las 32 entidades federativas -departamentos o provincias- tendrán una elección local el mismo día; en 15 de ellas se renovará Gobernador, Alcaldías y Congreso, mientras que en 13 estados cambiarán Ayuntamientos y diputados; en dos sólo legisladores locales y en dos más únicamente Ediles. En total se elegirán un total de 21,368 cargos. Desde el pasado año los diputados del partido de gobierno intentaron hacer una reforma que fusionara en un solo organismo centralizado, al Instituto Nacional Electoral -INE-, los Organismos Públicos Locales – OPL- y los Tribunales Electorales Estatales -departamentales o provinciales-.

Todo con la idea de, presuntamente ahorrar, pero, en el fondo el ciudadano sintió que se estaría destruyendo lo que la democracia mexicana ha logrado avanzar en 30 años, precedente que aunado a las recientes declaraciones del presidente López Obrador, evidencian un nuevo round en la búsqueda de, por un lado, polarizar la opinión pública, y por el otro, deconstruir lo existente para crear un organismo nuevo del que pueda tener mayor injerencia y control.

La propuesta de los diputados quedó en suspenso por el amplio rechazo de sectores de la sociedad mexicana; pero, es claro que el presidente López Obrador insiste. Paralelamente, los partidos políticos de la oposición pareciera que no están entendiendo el nuevo juego, están en modo inercia, desconectados de la población y sus necesidades. Por otra parte, ciertos grupos de la sociedad le entran al juego de la polarización sin darse cuenta que, cuanto más radicales y virulentas sean sus posturas contra el presidente, más se polariza la opinión pública, lo que generará abstención, y en ese escenario, quien mayor posibilidad tiene de obtener el triunfo es quien mayor capacidad de recursos tenga para movilizar a sus electores, y en este caso será el partido de gobierno.

El escenario que el presidente mexicano viene planteando es claro, y se puede observar en su reciente declaración cuando manifestó: “…o están conmigo o están contra mí…”, es evidentemente que desea incrementar la polarización para mantener a la opinión pública y la oposición fragmentadas y divididas.

Si la oposición mexicana quiere restablecer y fortalecer los equilibrios y contra-pesos democráticos, deberá hacer un acto de grandeza y desprendimiento, deponiendo sus egos e intereses grupales, e incluyendo a todos los actores y sectores de la sociedad en la discusión de un gran plan estratégico, acción que lleve a la creación de una oferta que integre a al ciudadano en su gran “sueño de país”, y que le permita a los mexicanos contrastarla de manera clara con la propuesta de la cuarta transformación -4T-, que le permita ver las grandes diferencias entre los dos modelos, y que los electores decidan.

Plantear grupos anti AMLO, no es el camino.

Él fue electo democráticamente y solo haciendo ver el contraste entre las políticas y los resultados de AMLO con la propuesta del sueño de país que presente de manera unida todos los partidos de la oposición aliados con todos los sectores del país.
El elector no responderá al llamado anti AMLO por que sí.

Al elector lo moverá quien encarne una oferta de esperanza, de unión de todo lo mexicanos.
“Ya es tiempo de que los prejuicios acaben, de que la sociedad se establezca sobre bases más sólidas, más naturales, más sabias, más justas y más nobles.” Pancho Villa.
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