Por: @OrlandoGoncal

La República Dominicana fue el primer país en la región en celebrar elecciones en plena pandemia. Elecciones originalmente previstas para el mes de mayo, fueron pospuestas para el 5 de julio, fecha en la que el pueblo dominicano de manera cívica se expresó en las urnas. La abstención fue mayor al histórico, pero tiene lógica que esto sucediera, pudo haber habido temor a salir a expresarse, por la prevención a la pandemia.

Los dominicanos debieron enfrentarse al dilema de ir a la elección en las actuales circunstancias o volverlas a posponer, optaron por la primera opción; seguramente en un par de semanas sabremos si la tasa de contagios del covid-19 aumento o no.

Ahora, también es comprensible que después de 16 años consecutivos en el poder por parte de un mismo partido, éste sufriera el desgaste natural del ejercicio del poder y se generara una fatiga en los ciudadanos, quienes ya desde el 2017 con la marcha verde, comenzaron a manifestar su malestar ante ciertos hechos de corrupción.

Desde entonces comenzó a instalarse en la discusión política del país el sentimiento de cambio, la sensación de que el país debía ir en otra dirección, los ciudadanos reclamaban menos injerencia de la política en la justicia, más sanciones a la corrupción, combatir por ende la impunidad.

En medio de este escenario, durante largos meses estuvo en el ambiente el interés de que, si se hacía una reforma constitucional que le permitiera al presidente Danilo Medina volverse a postular para un tercer periodo. Esta discusión se alargó, y mantuvo en suspenso el escenario político y puso al presidente Medina en el centro del debate.

Sumado a ello, era evidente que había un enfrentamiento entre el presidente Medina y el ex presidente Leonel Fernández, quien ya había sido electo tres veces y gobernado por 12 años, pero deseaba regresar nuevamente a la presidencia.

Después de meses de polémicas y debates el presidente Medina toma la decisión de no intentar la reforma constitucional, lo cual fue sano para la democracia, y por lo tanto no postularse nuevamente.

Sin embargo, saca de la manga en el último minuto la candidatura de Gonzalo Castillo, quien a la postre, en pocos meses logra imponerse en una contienda interna de su partido que resultó cuestionada por el expresidente Fernández, llegando al punto que este abandona al Partido de la Liberación Dominicana, su partido, y se postula por otro, generando una división en el PLD.

Mientras esto sucedía con el partido de gobierno, el sentimiento de cambio se fue profundizando y en cierto momento entró en una etapa más radical. Comenzó a instalarse en el ánimo de la población la expresión “se van” en clara referencia al PLD. El sentimiento de cambio, evolucionó a un sentimiento de rabia y hartazgo, polarizando la elección y llevándola a los resultados que se vieron el pasado domingo.

Ahora, mientras el PLD se debatía en las diatribas que ya comentamos, el Partido Revolucionario Moderno, el PRM y su candidato Luis Abinader fueron estructurando su campaña, leyendo con claridad el sentimiento de los ciudadanos y se enfocaron en instalar en la discusión pública el tema del cambio, manteniéndose en ese camino hasta lograr el triunfo.


Veamos ahora algunas lecciones que valdría la pena destacar de esta elección:

  1. Cuando se está tanto tiempo en el poder (el PLD estuvo 16 años consecutivos) tanto el gobierno como el partido se burocratizan y tienden a dejar de ser eficientes.
  2. Las maquinarias partidistas requieren un constante cuidado, entrenamiento, y cercanía con sus líderes. Cuando estos se desconectan de los militantes y dan por sentado que las cosas se harán, los resultados generalmente, no son buenos.
  3. Imponer candidatos en el último minuto no es la mejor opción y, los resultados así lo demuestran.
  4. Tener y hacer uso de una mayor cantidad de recursos, no necesariamente te garantiza el triunfo.
  5. El liderazgo no es transferible. Que un presidente sea bien valorado por la opinión pública, no significa que los ciudadanos votarán por quien éste señale.
  6. Construir un proyecto político toma tiempo. En el caso de Luis Abinader, tuvo la paciencia y la constancia de ir construyéndolo paso a paso, con los cual los cimientos del proyecto fueron sólidos.
  7. Así como no se improvisa un proyecto político a último minuto, tampoco se improvisa la asesoría. El tener un equipo que además de ayudar a construir el proyecto le haga el seguimiento en el tiempo, rinde frutos.
  8. Las divisiones cuestan caras. La incapacidad de dos líderes -el presidente Medina y el expresidente Fernández- de ponerse de acuerdo, dividió las bases de su partido y hoy, ambos pagan las consecuencias.
  9. El covid-19 en apenas unos meses, ha cambiado muchas cosas. Entre ellas los valores, principios y prioridades de los ciudadanos, por lo tanto, no se puede seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes.
  10. Cuando entre los ciudadanos se instala un sentimiento como el de “se van”, hay que tomárselo en serio y estudiarlo para comprender que tan enraizado está y saber así los efectos que tendrá sobre una elección.
    Solo falta esperar que, el elegido esté a la altura de los anhelos y el “sueño de país” que tienen los electores, quienes, golpeados por la pandemia, pero desafiantes con la voluntad de su voto, le han dado el mandato para gobernar para todos y para que produzca el cambio que desean. Tremendo reto.
    Foto: http://vozlibre.net/